Argentina avanza en la transformación de Vaca Muerta en un polo exportador de gas natural, con capacidad para abastecer a países vecinos y modificar la integración energética regional
La posibilidad de que Argentina se convierta en el principal proveedor de gas natural del Cono Sur dejó de ser una hipótesis lejana. Los recursos técnicamente recuperables de Vaca Muerta, estimados en 7,2 billones de metros cúbicos según el Instituto Argentino del Petróleo y Gas, superan varias veces el consumo anual conjunto de Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay y Chile. Esta magnitud coloca a la formación neuquina en el centro de la agenda energética sudamericana y abre una ventana concreta para la exportación sostenida durante décadas.
Capacidad de exportación y obras clave
El crecimiento de la producción no convencional en Vaca Muerta permitió que Argentina recupere el flujo exportador hacia Chile y Uruguay, y proyecte el acceso al mercado brasileño. Entre 2015 y 2025, la producción diaria de gas no convencional pasó de 17 a 90 millones de metros cúbicos, compensando la caída del gas convencional y generando un aumento neto del 20% en la producción total. La infraestructura existente, como el gasoducto GasAndes hacia Chile y el sistema Aldea Brasilera-Uruguaiana hacia Brasil, resulta clave, aunque parte de la red permanece subutilizada por falta de excedentes y obras inconclusas.
Las inversiones recientes en gasoductos y estaciones de compresión buscan adaptar el sistema argentino a la nueva geografía productiva. El Gasoducto Perito Moreno, el Gasoducto Mercedes-Cardales y la reversión del Gasoducto Norte son ejemplos de obras que permiten ampliar la capacidad de transporte y reemplazar importaciones, especialmente desde Bolivia. Según el informe "Argentina, The Promise of Vaca Muerta", la habilitación de la conexión Uruguaiana-Porto Alegre podría requerir una inversión de hasta US$4.500 millones, de los cuales US$2.500 millones corresponderían al tramo argentino.
Mercados regionales y precios
Chile y Uruguay aparecen como los primeros beneficiarios del nuevo escenario. En el caso chileno, la capacidad de exportación argentina ronda los 30 millones de metros cúbicos diarios, frente a una demanda promedio de 19 millones entre 2020 y 2024. El reemplazo de centrales a carbón por gas natural en el norte chileno podría incrementar la demanda hasta 14,7 millones de metros cúbicos diarios adicionales. Para Uruguay, el precio promedio del gas importado desde Argentina durante el invierno de 2024 fue de US$3,8 por MMBtu, condicionado por el costo del GNL que Argentina aún debe importar. Si Vaca Muerta logra reducir esas importaciones, los precios para Uruguay podrían volverse más competitivos.
Brasil representa el mayor desafío y la mayor oportunidad. El acceso a ese mercado depende de la finalización de tramos pendientes en el corredor Uruguaiana-Porto Alegre y de acuerdos de transporte a través de Bolivia, Paraguay o Uruguay. La infraestructura construida en la década de 1990 permanece parcialmente inutilizada, y la concreción de nuevas obras definiría la capacidad real de exportación hacia el principal mercado sudamericano.
Proyectos de GNL y alcance global
La estrategia argentina no se limita a los mercados limítrofes. El desarrollo de proyectos de GNL, como Southern Energy FLNG y Argentina LNG, apunta a monetizar los recursos de Vaca Muerta en el mercado internacional. Southern Energy FLNG prevé dos unidades flotantes en el Golfo de San Matías, con una capacidad combinada de casi 6 millones de toneladas anuales y acuerdos de venta ya firmados con la alemana SEFE para entregas desde 2027. Argentina LNG, impulsado por YPF junto a Eni y XRG, proyecta una capacidad inicial de 12 millones de toneladas anuales, ampliable a 18 millones.
Estos proyectos requieren inversiones y plazos de ejecución que superan los desafíos logísticos internos. El informe del IAPG advierte que la demanda potencial de gas natural para abastecer las plantas de GNL en construcción o planificación podría alcanzar los 100 millones de metros cúbicos diarios, lo que exige una expansión significativa de la producción y el transporte.
Limitaciones y contexto regional
La red de gasoductos internacionales en Sudamérica, compuesta por 16 conexiones entre Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay, Chile, Colombia y Venezuela, fue diseñada para una integración energética que nunca se consolidó plenamente. La interrupción de exportaciones argentinas a fines de la década de 2000 y la caída de la producción boliviana dejaron parte de la infraestructura ociosa. El desafío actual no es solo construir nuevos ductos, sino garantizar un flujo estable de gas que permita utilizar la capacidad instalada y sostener acuerdos de largo plazo.
La experiencia reciente muestra que la integración energética regional depende tanto de la disponibilidad de recursos como de la coordinación política y la inversión sostenida. En este sentido, la situación de Vaca Muerta contrasta con otros episodios de la agenda sudamericana, como los impactos de El Niño en la infraestructura y el suministro, que fueron analizados en informes previos.
El concepto de recursos técnicamente recuperables refiere a la cantidad de gas que puede extraerse con la tecnología actual y bajo condiciones económicas razonables, pero no implica que todo ese volumen esté disponible de inmediato. La transformación de Vaca Muerta en un polo exportador depende de la capacidad de inversión, la estabilidad regulatoria y la demanda efectiva de los países vecinos. La integración energética regional requiere acuerdos duraderos, infraestructura adaptada y políticas que prioricen el abastecimiento interno sin descuidar la oportunidad de exportar excedentes. La experiencia argentina muestra que el potencial geológico es solo el primer paso: la concreción de los beneficios depende de decisiones políticas, financiamiento y ejecución técnica sostenida.