El Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea informó que la temperatura media de la superficie del mar alcanzó 21,1°C, superando el registro anterior y generando preocupación por el impacto en ecosistemas y comunidades costeras.
El 27 de julio de 2026, el Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea comunicó que la temperatura media de la superficie global del mar llegó a 21,1 grados centígrados. Este valor representa el registro más alto desde que existen mediciones sistemáticas y supera el máximo anterior de 21,09°C, alcanzado en marzo de 2024. El dato fue confirmado a partir de observaciones satelitales y modelos climáticos que monitorean la evolución térmica de los océanos a escala planetaria.
Datos oficiales y alcance de la medición
La información difundida por el Servicio de Cambio Climático Copernicus se basa en registros diarios de temperatura superficial marina, que permiten comparar tendencias interanuales y detectar anomalías respecto de los promedios históricos. El nuevo máximo global fue registrado el sábado 27 de julio, en un contexto de persistente calentamiento de los océanos vinculado tanto a factores de origen humano como a fenómenos naturales. El organismo europeo precisó que la cifra corresponde a la media global y no refleja necesariamente las condiciones de cada región o cuenca oceánica.
Factores que explican el aumento
Especialistas consultados por Copernicus atribuyen el incremento sostenido de la temperatura marina a la combinación de décadas de calentamiento global antropogénico y la influencia del fenómeno El Niño en el Pacífico tropical. El Niño, que se caracteriza por el aumento de la temperatura superficial en esa región, suele intensificar los efectos del cambio climático y modificar los patrones de circulación atmosférica y oceánica. Según los expertos, la interacción entre ambos factores ha generado condiciones propicias para la aparición de olas de calor marinas más frecuentes y prolongadas.
Consecuencias para ecosistemas y comunidades
El aumento de la temperatura de los océanos tiene consecuencias directas sobre la biodiversidad marina y las comunidades costeras. De acuerdo con los datos de Copernicus, la cantidad de días con olas de calor marinas se triplicó desde la década de 1990, lo que genera presión sobre especies sensibles, como corales y peces, y afecta actividades económicas vinculadas a la pesca y el turismo. Además, el calentamiento oceánico puede agravar fenómenos meteorológicos extremos y alterar la distribución de nutrientes en el mar, con impacto en la productividad biológica.
En el contexto de América Latina, distintos servicios meteorológicos nacionales han reportado episodios de temperaturas inusualmente elevadas y condiciones de sequía o lluvias intensas asociadas a la variabilidad climática. Por ejemplo, el Instituto Nacional de Meteorología de Brasil advirtió recientemente sobre riesgos de olas de calor y baja humedad en varias regiones, mientras que en Perú se han registrado jornadas con temperaturas variables y radiación UV elevada, como se informó en un reporte oficial sobre el pronóstico en Cuzco.
El concepto de ola de calor marina se utiliza para describir períodos en los que la temperatura superficial del mar supera significativamente los valores habituales para una región y época del año. Estas olas pueden durar desde varios días hasta semanas y tienen efectos acumulativos sobre los ecosistemas. La vigilancia de estos eventos es considerada clave para anticipar riesgos y diseñar estrategias de adaptación en sectores vulnerables.