El presidente electo Abelardo De La Espriella decidió no invitar a Juan Manuel Santos ni a Ernesto Samper a su toma de posesión en Cali, una medida que generó reacciones políticas y expuso la polarización institucional en Colombia
La ceremonia de asunción presidencial prevista para el 7 de agosto de 2026 en Colombia estará marcada por una decisión inusual: el presidente electo Abelardo De La Espriella resolvió no invitar a los expresidentes Juan Manuel Santos y Ernesto Samper Pizano al acto oficial que se realizará en la ciudad de Cali. La medida, confirmada por fuentes cercanas a la organización del evento y difundida por medios nacionales, generó repercusiones inmediatas en el ámbito político y puso en evidencia la persistente polarización institucional en el país.
Decisión y fundamentos
La exclusión de Santos y Samper fue adoptada por instrucción directa de Abelardo De La Espriella, quien optó por limitar la convocatoria a un grupo específico de exmandatarios: Álvaro Uribe Vélez, Iván Duque Márquez, Andrés Pastrana Arango y César Gaviria Trujillo. Según trascendió, la decisión responde tanto a diferencias políticas de larga data como a la intención de marcar un perfil propio en el inicio de la nueva gestión. No se difundieron documentos oficiales que detallen los criterios de selección, pero la medida fue confirmada por la organización del acto y replicada por Revista Semana.
Reacciones de los excluidos
La decisión de no invitar a los dos expresidentes generó respuestas públicas. Ernesto Samper, quien gobernó Colombia entre 1994 y 1998 y es reconocido por su respaldo al gobierno saliente de Gustavo Petro, reaccionó con ironía al señalar que la exclusión le permitió evitar gastos personales en vestimenta y traslado, coincidiendo con su cumpleaños número 76. Por su parte, Esteban Santos, hijo menor de Juan Manuel Santos, expresó en la red social X que un presidente debe representar a toda la ciudadanía y consideró que la exclusión de exmandatarios en una ceremonia de Estado profundiza la división política. Las declaraciones reflejan el clima de tensión institucional que atraviesa la transición presidencial.
Cambios en la ceremonia y contexto político
La asunción de Abelardo De La Espriella introduce modificaciones logísticas y simbólicas respecto de las tradiciones recientes. Por primera vez en décadas, el acto no se realizará en el Capitolio Nacional de Bogotá, sino en la Universidad Santiago de Cali. Además, la bancada oficialista saliente y el presidente Gustavo Petro no asistirán, ya que prevén movilizaciones sociales en Barranquilla y Cali el mismo día. Entre las delegaciones internacionales confirmadas figuran los presidentes José Antonio Kast (Chile), Daniel Noboa (Ecuador) y Javier Milei (Argentina), lo que otorga al evento una proyección regional. En este contexto, la decisión de restringir la lista de invitados adquiere mayor visibilidad y es interpretada como un gesto político deliberado.
Antecedentes y diferencias con otras transiciones
La exclusión de expresidentes contrasta con lo ocurrido en la asunción de Gustavo Petro en 2022, cuando se cursaron invitaciones formales a todos los exmandatarios, incluyendo a Álvaro Uribe Vélez, quien finalmente no asistió por razones judiciales. En aquella oportunidad, se mantuvieron los rituales de traspaso y condecoraciones institucionales, prácticas que no se repetirán este año debido al distanciamiento entre las administraciones. La decisión de De La Espriella se inscribe en una serie de gestos que buscan diferenciar su gestión y que, según analistas, podrían tener impacto en la convivencia política y en la percepción pública de la legitimidad institucional. En el marco de la agenda política colombiana, la exclusión de figuras relevantes del pasado reciente se suma a otros episodios de tensión, como la controversia por la restitución de funcionarios en organismos estatales, tema abordado en una cobertura reciente sobre decisiones administrativas en Colombia.
En Colombia, la toma de posesión presidencial es un acto de Estado que tradicionalmente incluye a exmandatarios, autoridades salientes y representantes de los poderes públicos. La exclusión de expresidentes no está regulada por ley, pero constituye una excepción a la práctica protocolar habitual. Este tipo de decisiones puede influir en la percepción de unidad institucional y en la legitimidad simbólica del nuevo gobierno, especialmente en contextos de alta polarización política.