El terremoto del 10 de junio dejó 289 víctimas y puso bajo la lupa las primeras decisiones del presidente Abelardo de la Espriella, marcadas por disputas políticas y cuestionamientos sobre la ayuda internacional.
El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el 10 de junio de 2026, con epicentro en el departamento de Chocó y afectación en 11 de los 32 departamentos, provocó la muerte de 289 personas según el balance oficial difundido el 16 de junio. El evento, ocurrido apenas tres días después de la asunción de Abelardo de la Espriella como presidente, obligó al nuevo gobierno a modificar su agenda inicial y enfrentar una emergencia nacional bajo fuerte escrutinio público e institucional.
Decisiones iniciales y declaración de emergencia
La primera respuesta oficial fue la declaración de calamidad pública, medida que otorga al Ejecutivo mayores facultades para agilizar contrataciones y procedimientos estatales en situaciones de desastre. Esta decisión permitió activar mecanismos de emergencia y coordinar la asistencia a las zonas más afectadas, especialmente en Chocó, Pereira y Manizales. Sin embargo, la gestión de la crisis se vio condicionada por la transición política, ya que la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) seguía bajo la dirección de Javier Pava, designado por el gobierno anterior de Gustavo Petro, hasta la noche del 11 de junio, cuando asumió David Santiago Tamayo.
Controversias por la ayuda internacional
Uno de los puntos más debatidos fue la negativa inicial del gobierno a aceptar equipos de búsqueda y rescate de la mayoría de los países que ofrecieron asistencia, con excepción de Estados Unidos, Israel, Ecuador y El Salvador, naciones con afinidad política con la nueva administración. La decisión fue comunicada cuando ya se acercaba el final de la llamada "ventana crítica" de 72 horas para el rescate de sobrevivientes. El canciller Omar Bula argumentó que la selección respondió a criterios técnicos y de certificación internacional, aunque autoridades de México, como la presidenta Claudia Sheinbaum, señalaron trabas burocráticas que impidieron el envío de brigadas especializadas desde la Ciudad de México.
Transición política y responsabilidades
La transición entre gobiernos incidió en la coordinación de la respuesta. Durante los primeros días, la UNGRD permaneció bajo la conducción de un funcionario cercano al expresidente Petro, lo que generó versiones cruzadas sobre la aceptación o rechazo de ayuda extranjera. El ministro del Interior, Rodrigo Lara, atribuyó la negativa inicial a la gestión saliente, mientras que Javier Pava sostuvo que la decisión de no solicitar equipos internacionales fue temporal y basada en información de autoridades locales. Posteriormente, con la asunción de Tamayo, se formalizó la recepción de apoyo de algunos países y la apertura a hospitales de campaña en zonas críticas.
Impacto territorial y asistencia en las ciudades
En ciudades como Pereira y Manizales, la presencia de autoridades nacionales fue visible en los días posteriores al sismo, con recorridos de Espriella y su gabinete por áreas afectadas. Sin embargo, la asistencia internacional directa fue limitada, y la mayor parte de las tareas de rescate recayeron en bomberos y equipos locales, reforzados por personal de otras ciudades colombianas. La situación contrastó con experiencias recientes en la región, como el sismo en Venezuela, donde la cooperación internacional incluyó la instalación de hospitales de campaña extranjeros, según se documentó en coberturas previas como la del reporte oficial sobre el último sismo en México.
La declaración de calamidad pública en Colombia habilita al gobierno nacional a adoptar medidas excepcionales para responder a emergencias, incluyendo la reasignación de recursos y la contratación directa de servicios y obras. Este instrumento, previsto en la legislación colombiana, busca acelerar la asistencia y la reconstrucción, aunque su implementación suele estar sujeta a controles posteriores y a debates sobre la transparencia y la eficacia en el uso de fondos públicos.