Un informe de Deutsche Bank ubica a Ciudad de México como la ciudad con mayor salario neto promedio de América Latina en 2026, aunque la brecha con las principales urbes globales sigue siendo significativa.
Ciudad de México encabeza el ranking de salarios netos promedio en América Latina, de acuerdo con el informe "Mapping the World's Prices 2026" elaborado por Deutsche Bank. El relevamiento, que compara 69 ciudades a nivel global, posiciona a la capital mexicana en el puesto 57, seguida por São Paulo, Buenos Aires, Santiago de Chile, Bogotá y Río de Janeiro. Los datos corresponden a ingresos mensuales netos después de impuestos, expresados en dólares estadounidenses y calculados para el año 2026.
Resultados del informe y diferencias regionales
El informe de Deutsche Bank muestra que Ciudad de México registra un salario mensual neto promedio de US$1.059, el más alto entre las ciudades latinoamericanas incluidas. São Paulo se ubica en segundo lugar regional con US$853, seguida por Buenos Aires (US$842), Santiago de Chile (US$798), Bogotá (US$718) y Río de Janeiro (US$594). Estas cifras contrastan con los ingresos de ciudades europeas y norteamericanas, donde los salarios netos pueden superar los US$7.000 mensuales. En Sudamérica, el rango de salarios es el más bajo y estrecho del listado global, con un mínimo de US$594 y un máximo de US$853.
Factores que explican la brecha salarial
Especialistas en economía advierten que la diferencia salarial entre ciudades no debe interpretarse solo como una brecha entre urbes "ricas" y "pobres". Según Clara Inés Pardo, académica de la Universidad del Rosario, la productividad es el principal factor que determina los salarios sostenibles. Entre 1991 y 2024, la productividad laboral en América Latina creció apenas un 0,9% anual, frente al 1,2% de los países de la OCDE, lo que limita la capacidad de las empresas para pagar mejores salarios. Además, la estructura productiva de cada ciudad y la concentración de actividades tecnológicas, financieras e industriales inciden en la demanda de profesionales calificados y en los niveles salariales. La informalidad laboral, por su parte, reduce el acceso a empleos formales y a la protección social, afectando tanto los ingresos como la productividad.
Evolución de los salarios y limitaciones del indicador
En la última década, Bogotá mostró el mayor incremento acumulado de salario neto entre las ciudades analizadas, con una suba del 74%. Ciudad de México y São Paulo también registraron aumentos importantes, del 52,4% y 32% respectivamente. En cambio, Buenos Aires, Santiago de Chile y Río de Janeiro experimentaron caídas en los ingresos netos, con descensos de entre 5% y 12,6%. Sin embargo, los especialistas advierten que el salario nominal en dólares no refleja necesariamente el poder adquisitivo real ni el nivel de bienestar, ya que el tipo de cambio puede modificar la posición de una ciudad en el ranking. El desafío para la región, según la académica consultada, es elevar la productividad y transformar la estructura productiva para generar empleos de mayor valor agregado.
Contexto regional y comparaciones
El informe de Deutsche Bank se suma a otros relevamientos que muestran la persistencia de brechas salariales y de poder adquisitivo en América Latina. En el caso de Venezuela, por ejemplo, el salario mínimo mensual representa solo una fracción del costo de la canasta básica, lo que profundiza la distancia entre ingresos y necesidades básicas, como se analizó en un informe previo sobre el salario mínimo venezolano. Las diferencias entre ciudades y países de la región reflejan no solo disparidades económicas, sino también la influencia de factores estructurales, institucionales y de integración al mercado global.
El salario nominal en dólares es un indicador útil para comparar ingresos entre ciudades, pero no equivale al salario real ni al poder adquisitivo efectivo. El salario real considera la capacidad de compra de los ingresos en el contexto local, teniendo en cuenta precios, inflación y tipo de cambio. Por eso, dos ciudades con salarios nominales similares pueden ofrecer niveles de vida muy distintos según el costo de bienes y servicios básicos.